Cómo son los catalanes en una pregunta recurrente cada vez que un madrileño vuelve a los
mandriles. Me pasaba en el colegio cuando volvía de pasar visitar a mi abuela aquí en Barcelona y también me pasa ahora que vivo aquí y se invierte el lugar en el que ir de vacaciones. En ocasiones tengo ganas de contestar alguna barbaridad como las que enumero a continuación:
- Los catalanes no son lo que se ve por la tele, sino que son peores, que se pasan el día vomitando bilis con el tema de que Madrid les roba.
- Son monstruos con tentáculos que cuando nacen les hacen clandestinamente un DNI catalán además de la documentación española para estar preparados el día que llegue su nave nodriza para fulminar al resto de españoles y llevar a los catalanes a su paraíso prometido.
- Las primeras palabras de un niño catalán son Som una nació. Si en lugar de decir eso dice cualquier otra cosa le encierran en un frenopático.
- Roban todo lo que pueden y echan la culpa a los madrileños de sus propias malas decisiones económicas.
- Y por supuesto inventaron el hilo de cobre estirando de una peseta.
Evidentemente todo esto no es cierto, ni nadie en su sano juicio puede pensarlo. La realidad es que no son tan distintos de los madrileños.
- La diferencia más importante entre un catalán y un madrileño es que hacen unas porras muy pequeñas a las que llaman churros, además de las porras normales. En otros lugares de España los churros tampoco son iguales que en Madrid, y tampoco pasa nada.
- Tienen mar, pero tampoco todos, y no significa que se pasen el día en la playa o no vayan a la piscina.
- Culturalmente son exactamente iguales a nosotros los madrileños. Les ofenden las mismas cosas, se alegran por las mismas cosas y ven el mundo de la misma manera, pero hay mucha gente del Barça y pocos del Real Madrid (que les hay) y en cada uno anima a su equipo, escupe algunos exabruptos del otro que nunca quedan en nada y ya está. Porque al final el tema del fútbol es mucho de boquilla, de ver los partidos, desfogarse un poco y ya está. Esto está lleno de gordos o vagos que no corren tras un balón desde que estaban en el cole. Al final nunca es para tanto. Poca gente está dispuesta a partirse la cara por su equipo. Eso es cosa de ultras, en Barcelona, en Madrid y en casi cualquier lugar.
- Cambian algunos festivos, pero eso pasa en casi cualquier parte, cada municipio tiene sus fiestas locales y cada comunidad autónoma su fiesta autonómica. Y ya está.
- En fiestas se hacen algunas cosas distintas.
- La repostería catalana está en clara decadencia. Por lo menos en Barnacity ahora es casi todo industrial, como en Madrid, aunque hay mayor densidad de cafeterías.
- Los catalanes son imaginativos, o al menos parece que las buenas ideas encuentran financiación con más frecuencia que en Madrid. En el centro de la península son de dejar que los catalanes experimenten para ver si se dan al ostia o no, y si la cosa funciona copiarlo más moderno y grande.
Lo que no es Cataluña (al menos Barcelona):
- Un lugar donde te están dando un coñazo con el tema del catalán. Oirás catalán, pero te entenderás con cualquiera que quiera entenderse contigo.
- Un lugar lleno de plastas que solo piensan o hablan de la independencia de Cataluña. Es machaque de los medios con el tema es exagerado. Evidentemente el debate y el tema está ahí, pero cada uno sabe de que pié cojea y no tienen que estar dándose mutuamente la brasa todo el día.
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