jueves, 9 de junio de 2016

(004) Un escaparate para el turismo

Tras dos meses viviendo en Barcelona tengo cada día más claro que el objetivo de la ciudad es ser un escaparate para los turistas. La "ciudad más loca del Mediterráneo" como se la llama en algunos círculos está petada de turistas. Madrid también en algunas zonas, pero lo de la ciudad condal es exagerado porque sucede a lo largo de todo el año. En Madrid cruzado la ciudad de un extremo al otro me cuesta ver a personas con maletas. En Barcelona hay apartamentos de vacaciones en todas partes. En todos los barrios.

Los vecinos de algunos barrios se han organizado para poner banderas del barrio colgadas de sus balcones para que así se distinga de manera visual en que pisos viven personas locales. Supuestamente los restantes pisos son apartamentos de vacaciones. Una rápida visita a sitios web de alquiler de viviendas para vacaciones me confirma esta teoría. Muchos de los apartamentos de la Barceloneta que no tienen bandera están disponibles para alquilar.

Obviamente no es el único objetivo el ser una ciudad turística. También es la capital de una comunidad autónoma y un lugar de negocios, pero la ciudad se siente como una atracción para turistas. Las manzanas cuadradas son carentes de personalidad. Los barrios del casco viejo son carentes de personalidad, y la mayoría de negocios carece de personalidad.

Riadas de turistas con palos selfies recorren los lugares que las guías dicen que hay que recorrer y se hacen las fotos de rigor, sin pedir a nadie que que les haga una foto como antaño. Es ese objeto maldito, el palo de marras, el máximo exponente de esta clase de turismo que no interactua con el entorno. Es más importante hacerse muchas fotos y salir en ellas que la experiencia en si misma. Obviamente las fotos de los lugares tienen poco valor, porque están publicadas en miles de sitios. Lo que vale son mis fotos en ese lugar, o mejor aún, las fotos en los que uno sale en ese lugar. Compartirlas rápido para que sepan los que no han venido al viaje donde estás, la fantástica paella que te estás comiendo ye l viaje que se están perdiendo. En tiempo real a ser posible.

Para nuestros vecinos europeos Barcelona es un lugar barato y bendecido. por un clima maravilloso, lleno de turistas que buscan lo fácil, sol y playa, y algo de turismo de zapatilla, de ver muchos edificios muy bonitos por fuera, pero a los que no se puede entrar porque hay una cola impresionante. Además la costa huele poco a mar o al llegar no me dio ninguna impresión. Es como una playa para gente de interior, que le gusta la idea del mar pero no le gusta el mar. Mis primeras experiencias en el mar han sido desagradables. Una vez pasado el asombro de su grandeza el comprobar que las olas pueden hacer daño o darte un revolcón imprevisto y el desagradable olor y aroma del agua no son nada atractivos. No sé si es que he perdido el olfato o que la capa de roña que es la atmósfera de la ciudad condal impide oler el Mediterráneo.

Por otra parte la playa es mentira, artificial, con arena gruesa y demasiado alta con respecto a las mareas como para haberse formado por medios naturales. De esta manera te aseguras de tener playa todo el año y que cuando la marea sea alta no se coma mucha playa. Por otra parte da la razón a los que pensamos que la playa sólo sirve para que algunos se tuesten, cosa que podrían hacer en cualquier terrado o azoea, o tumbados en la hierba de cualquier parque, si dejaran extender la toalla.

Eso sin contar con el tema del alquiler de bicicletas y patines eléctricos, que dejaré para otra entrada más genérica sobre "bicicletas y otros asimilados".

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